MADEJA DE IMPULSOS Y CREATIVIDAD DE MUNDOS DIVERGENTES
Madeja de impulsos y creatividad de mundos divergentes La introspección creativa era el rasgo distintivo de mi identidad infantil; en aquel entonces, aún no existía un diagnóstico. En los sesenta, yo «volaba despierto», pero utilizaba mi lógica para asociar, aprender y crear. Enfocaba mi impulsividad en la escritura de frases y máximas que, poco a poco, mutaban en pensamientos libres. Fui un padre muy presente para la «ochomesina»: desde su desayuno hasta su dormir, en una vida llena de alegría y total amor paternal. A sus trece años, ella seguía canalizando su energía especial con el baile y el canto en privado, hasta el cansancio; luego, por su propia identidad femenina, eligió a la mujer adulta: a su mamá. Ella, quien maduró como diosa del Olimpo costeño, no fue adivina, pero sí imagen de sacrificio, dedicación y ternura; tejedora de un linaje especial. Hoy, en su herencia, ella observa cómo la personalidad divergente posee al primero de sus hijos: el políglota. El mayor trae ...